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COMENTARIOS AL CREDO DEL SEÑOR GAUTAMA


Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 19 de enero de 2020

El credo del Señor Gautama Buddha es una enseñanza que nos insta a creer en nosotros mismos, en nuestro discernimiento, a experimentar en nuestro ser interno y decidir por nuestra propia conciencia, cómo debemos conducirnos, ser y creer.

En él se contienen las principales consideraciones del conocimiento de la Enseñanza o Dharma, facilitada por el Señor Gautama, donde podemos ver claramente, que nos insta a “ser luz para nosotros mismos”, enseñanza que cobra un valor importantísimo en el cuidado de nuestra salud espiritual y mental cuando transitamos por el “sendero de la luz”, para no caer en manos de supuestos “mensajeros” de los Maestros de Sabiduría que inescrupulosamente puedan manipular nuestro cándido deseo de ser útil a la Enseñanza Espiritual.

Por cierto, lo que aquí se menciona como “El Credo del Señor Gautama Buddha”, no es sino una pequeña parte de la totalidad de su profunda y diversa enseñanza, donde nos muestra el valor de pensar con libertad, libre de las ataduras y limitaciones de la autoridad psicológica que nos imponen las religiones tradicionales, con sus dogmas y ritos, así como también los diversos movimientos espirituales con sus grados y líderes abusivos, que tarde o temprano terminan por atar y limitar al buscador sincero de la Verdad, aun cuando sus discursos sean de libertad y perdón, en nombre de la libertad terminan apresando, condenando y manipulando, a aquellos que buscan con honradez, llegar a la iluminación. Es un verdadero aliciente de independencia psicológica para aquellos que persisten en estar atados por el temor a ser libres y a pensar por sí mismos.

Este credo nos ayuda a darnos cuenta de cómo vivimos acostumbrados a no pensar por nosotros mismos, ya sea por comodidad o por miedo. Sus palabras nos ayudan a trascender, la angustia que sentimos de enfrentarnos a nosotros mismos y con nuestros actos, sus consecuencias y con la realidad que nos rodea.

En primera instancia, en esta preposición nos insta a que no debemos creer en algo simplemente porque lo dice la tradición, ni siquiera porque muchas generaciones de seres humanos nacidos en diferentes lugares de la Tierra, hayan creído en ello por siglos, debemos creer también ciegamente en sus creencias. Sino que es mejor comprobar por nosotros mismos si esa creencia es lógica y tiene sentido.

Agrega en este credo, que no debemos creer en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan creerlo, por comodidad y seguridad psicológica. Incluso nos insta a no creer en nada que hayan dicho maestros, instructores, sabios o cualquier otra autoridad espiritual de otra época, tan sólo por el hecho de que ellos lo han creído.

Nos advierte que no debemos creer en fantasías o supuestos mensajes que nuestra propia imaginación nos proponga, haciéndonos creer que es Dios quien nos la inspira.

Nos señala que no deberíamos creer en lo que dicen las sagradas escrituras, sólo porque ellas lo dicen, no es porque en sí mismas estén bien o mal, sean correctas o incorrectas lo que estas dicen, sino que nos insta a reflexionar y a razonar, para ver si en nuestro propio contexto son aceptables sus enseñanzas o no, esto es quizás el mayor valor de la enseñanza del Señor Gautama, el darle valor a nuestro propio juicio sobre lo tradicional y el conocimiento establecido, que por naturaleza humana se impone como una verdad indiscutible e inmutable de las cosas. Por eso es que nos llama a “ser luz para nosotros mismos”, que significa que estemos claros, consientes y no busquemos seguridad o sostenimiento en nada externo.

Finalmente, nos sugiere que no debemos creer en nada, tan sólo porque ha salido de la voz de un sabio, sacerdote, facilitador o ser humano que se diga intermediario entre Dios y los Maestros de Sabiduría, o por alguien que se autodenomine como una supuesta "autoridad espiritual", sino que, primeramente debemos creer únicamente en lo que cada uno haya experimentado, verificado y aceptado después de someterlo a la propia opinión y juicio de la conciencia.

VIVENCIA

El gesto de tocar la tierra como testigo, que realiza el Señor Gautama Buddha, cuando Mara y sus legiones -o la inconsciencia- intentó convencerlo de que ni siquiera tenía derecho a la pequeña superficie de tierra sobre la que estaba sentado para meditar, es el pensamiento forma de “ser luz para nosotros mismos”, por cuanto llama a la vivencia personal como testigo, pues la experiencia que vivimos contribuye a configurar nuestro despertar. Si nuestras vivencias las experimentamos conscientemente, dándonos cuenta de lo que estamos haciendo, estas son capaces de modificar nuestro carácter.

Con cada vivencia consciente, nosotros registramos una cierta información que nos servirá, en el futuro, para enfrentar situaciones semejantes, sabiamente, y no dar vueltas en el mismo punto siempre. De este modo, lo que enseña el Señor Gautama Buddha, en cuanto a vivenciar por nosotros mismos las cosas, constituye un aprendizaje. Esto es porque en el ámbito de la psicología, se dice que las vivencias, son aquellas experiencias que marcan nuestra personalidad, y que si las vivenciamos conscientemente, irrefutablemente nos harán progresar espiritualmente.

Este credo es un llamado a salir de nuestra zona de confort, ya que el crecimiento personal, íntimo, profundo, se alberga mayormente en las situaciones difíciles, complicadas, dolorosas; que nos mueven de esta zona de confort vinculada a todo aquello que resulta cotidiano; si logramos entender esto, entonces estamos listos para capitalizar el aprendizaje que cada situación nos trae y hacer de cada experiencia reflexionada, una experiencia.

Por eso, debemos tratar de ver las cosas por nosotros mismos, -no sin antes vernos profundamente y entender nuestro pensamiento programado y trascenderlo-, porque cuando logramos contactar nuestro interior, estamos conscientes del valor que tenemos, podemos apreciar las diferencias y posibilitar el crecimiento con los demás, aquel que parte de nosotros para el otro; se trata de cambiar el “chip” con el que procesamos las situaciones que nos ocurren, y pasar de víctimas a protagonistas, de espectadores a tomadores de decisiones, de asumir con responsabilidad amorosa el compromiso de ser mejores personas, en plenitud y madurez.

Por eso el Señor Gautama Buddha, en el Sutra del Corazón, nos dice: ¡GATE, GATE, PARAGATE, PARASAMGATE BODHI-SVAHA!, que quiere decir: ALLÁ, ALLÁ, MÁS ALLÁ, TOTALMENTE MÁS ALLÁ. ¡ILUMINACIÓN! QUE ASÍ SEA.

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