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COMO YO LOS HE AMADO

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 31 de julio de 2022

La palabra amistad viene del latín “Amicus” que significa amigo, y deriva de “Amare” que a su vez significa amar. De modo que aquel que quiera tener muchos amigos, tenga de primero una gran capacidad de amar y sobrada actitud de entrega por darles lo mejor de sus talentos y dones. Por esa razón, el Maestro Jesús agrega que “Nadie tiene mayor amor, que el que da la vida por sus amigos”. Esta es una enseñanza muy sencilla pero profunda en su contexto, a la que debemos por deber moral atender si nos consideramos verdaderos estudiantes de la verdad, puesto que la palabra “amigo” se le aplica a la persona que mantiene una relación de amistad con otra u otras personas sin que medie ningún interés salvo los asuntos del alma. Es este el mensaje que debemos atender urgentemente, el estar dispuestos a amarnos sin egoísmo, sin prejuicios y sin ningún interés; con la misma simpatía pura y sincera como solemos amar a quien llamamos nuestro hermano y por quien estamos dispuestos a dar la vida entera por liberarlos de todas las condiciones que los atan al sufrimiento.

Empero si queremos darle cumplimiento al mensaje del Cristo, debemos entender esto como un ferviente llamado a extender los límites de nuestro corazón hacia todo el mundo, pero primero tenemos que entender que no es que tengamos que darle una vuelta a todo el orbe para poder ser un buen amante de nuestros amigos, sino que es nuestro propio mundo, de persona sencilla, en donde debemos realizar la práctica de este arte de amar con aquellos que nos rodean, como aquellos del lugar donde vivimos, trabajamos, el grupo espiritual al cual pertenecemos, en la universidad, etc., ya que este dicho de Jesús tiene una real vinculación con uno de sus mandamientos crísticos, el de “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”.

¿Y cómo nos amó Jesús? La respuesta es como hermanos de un mismo Padre, con desinterés, devoción y dedicación, así como con un alto grado de entrega y sacrificio, lleno de amor compasivo y perdón. También educando, sanando y dando de comer al hambriento. Ofreciendo un reino y poniéndolo al alcance de todos sin querer gobernar él, sino que llamándonos a gobernarlo en unidad, pero aprendiendo a no resistir al que consideremos malo, sino que; antes, a cualquiera que nos ofenda, le devolvamos como respuesta nuestro corazón. En cuanto a mantener este estado de conciencia del buen amante, Jesús nos sugiere realizar lo siguiente: “Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa”.

Jesús nos amó y enseñó que al que quiera ponernos a pleito y quitarnos la túnica debíamos dejarle también la capa; esto significa deponer nuestra personalidad que está simbolizada por la túnica, así como todo lo que nos creemos y ostentamos representado por la capa, porque quien vive en la práctica de la Presencia de Dios nonecesita vestiduras que lo diferencien de los demás, porque es uno con todos y jamás está en disputa con nadie. De igual forma el Maestro nos señaló la cualidad de la Tolerancia del Amor Divino cuando nos dice que a cualquiera que nos obligue a llevar carga por una milla, fuéramos con él dos. Esto significa que ante cualquier situación negativa que alguien nos haga pasar sin que estemos involucrados, ya sea por alguna ofensa o daño y nos calumnie o critique, que es la “carga”, e insista en generarnos molestia -que es cuando dice “obligar”-, en verdad lo que nos quiere decir es que no nos defendamos sino que sigamos adelante con nuestra rectitud y la no agresión. De esta forma no caemos en el odio o la separatividad y tampoco dejamos que otro caiga en estos vicios, que es lo que significa cuando dice “fuéramos con el dos millas”.

Siguiendo con su gran enseñanza del amor al prójimo, Jesús nos dice: “Oyeron que fue dicho: “Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo”, sin embargo el Maestro nos enseña que hay que amar a quienes consideremos nuestros enemigos, y que le demos nuestra bendición a los que nos maldicen, así como hacerles el bien a todos aquellos que nos aborrecen y molestan, a rezar u orar por aquellos que nos insultan u ofenden la dignidad o el honor mediante acusaciones injustas. ¿Qué es entonces toda esta enseñanza? ¿Qué camino es? Realmente es el camino de la verdadera amistad espiritual para con todos, que nos ha de llevar a ese “Reino en los cielos” del que nos habló y prometió si cumplimos con esta filosofía de vida, ya que si de verdad la cumplimos, nos dice Jesús: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”.

A lo largo de Su servicio terrenal, Jesús mostró el amor que tenía por los demás cuando bendecía y servía a los pobres, los enfermos y los afligidos. Así como con los que consideraba sus amigos, diciendo: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando”. Aquí el Maestro hace una separación entre amigo y Maestro, en la primera hay una relación afectiva entre dos personas, construida sobre la base de la reciprocidad y el trato asiduo. Mientras que en la otra es una labor de introducir a los discípulos a tareas primarias como los ejercicios espirituales, la disciplina, la meditación y el servicio, entre otras. Ambas son esenciales, sin embargo es en la amistad en donde prevalece la energía para vivir o desarrollarse en gratitud y armonía con todo el mundo.

La frase dar la vida por sus amigos, resulta interesante y de vital importancia en la época en la que vivimos, donde la moda generalizada es el “amor inmediato”, es decir, amor sin vínculos, sin afectividad. Un amor frio, casi por conexión etérea, sin compromiso y en todo caso interesado en el entretenimiento y la compañía en desconocimiento del otro. Es un llamado al amor sólido y comprometido, una exhortación a hacerlo como si lo diésemos a nosotros mismos.

“CLAVE ESPIRITUAL”

Esta es la “Clave Espiritual” que nos da Jesús: porque darse para uno mismo no cuesta; darse a unos pocos tampoco; darse a los que consideramos "los nuestros”, menos, pero darse a todos cuesta, porque no tratamos ni amamos a todos por igual. En palabras sencillas es salir de la propia vida para interesarnos por la del otro.

Y aun cuando nos cueste comprender esto, si lo realizamos comenzaremos a experimentar que hay más alegría en dar que recibir.

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