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DISCIPLINA ES AMOR
 
Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 07 de julio de 2019

El estudiante espiritual adquiere y comienza a comprender el valor de la disciplina en su vida, dotándose de carácter, orden y eficacia para estar en condiciones de realizar las actividades propias de la Enseñanza y poder desempeñarlas lo mejor que pueda para ser merecedor de la confianza de algún Maestro de Sabiduría. La palabra disciplina deriva de “Discipulus” en el sentido del orden necesario para aprender. Desde el principio el estudiante debe entender que la disciplina es un entrenamiento que; corrige, moldea, da fortaleza y perfecciona, así como su tarea es formar buenos hábitos y establecer una serie de reglas personales que lo comprometan consigo mismo para alcanzar la Conciencia Crística, esto sin duda es una de las tareas más importantes de su vida.   

Un estudiante que posee el valor de la disciplina, es aquel que cumple con sus obligaciones como discípulo de la Enseñanza Espiritual haciendo un poco más de lo esperado y siempre acompañado de sentido común, al grado de sacar adelante su trabajo y todo aquello en lo que ha empeñado su palabra. Además de tener una significativa forma en que aprecia el horario y el orden, también comprende perfectamente el por qué un Maestro de la talla de Serapis Bey, pone como primer requisito de la espiritualidad, la “Disciplina”. Por eso, el estudiante jamás olvida de mantener un ambiente agradable y armónico donde se encuentre, asi como la puntualidad y el cumplimiento de su palabra.  

Un estudiante es feliz con lo que hace, no importa si lo que realiza es sencillo o complejo, puesto que no ve el compromiso como una carga, y jamás se molesta cuando le piden algo por hacer, ayudar o construir, porque sabe que es el medio para perfeccionar a otros a través del servicio. 

Cuando el estudiante comprende la disciplina y es austero en todas sus acciones cotidianas, como por ejemplo; con su familia, en su trabajo, en la comunidad y en su grupo espiritual, donde acomoda sillas, limpia, ayuda en el traslado del material de estudio y colabora en todo el quehacer de la difusión de la Enseñanza.  No hace falta que lo vigilen y controlen para que cumpla con su deber, porque el mismo está pendiente de cumplir con lo que le corresponde hacer. 

Con la disciplina, el estudiante desarrolla la capacidad de ejercer control de sus deseos, carácter, emociones, lenguaje y actitudes; todo esto le ayudará a conseguir las metas que se ha trazado en la Enseñanza Espiritual, convencido de lo que quiere y resuelto a que nada ni nadie le moverá de su propósito.  

DOMINIO DE SÍ MISMO

De todo lo anteriormente dicho, es necesario sin embargo, que el estudiante comprenda que el dominio de sí mismo no ocurre automáticamente, sino que se necesita de la guía de un maestro o facilitador para que apoye el proceso y así poder lograr consolidar el valor de la disciplina y comprender por qué el Maestro Serapis Bey señala que “Disciplina es Amor”. Por consiguiente, tarde o temprano comprenderá que disciplina puede significar AUTODISCIPLINA, cuyo sentido es “Hacerse discípulo de sí mismo”, es decir, responder en actitud, mente y en conducta a comprensiones propias de la Conciencia Cristica desenvuelta. 

DISCIPLINA ESPIRITUAL

La “Disciplina Espiritual” es parte del “Dharma”, Enseñanza o Ley Espiritual que tiene que cumplir todo estudiante o aspirante a la Ascensión, una vez que ha calificado para ingresar al Templo de Luxor, y ser fortalecidos en la Fe en Dios mediante las experiencias que son necesarias para su transformación de lo humano a lo divino en los Siete Templos y sus correspondientes Iniciaciones. Por eso, el estudiante no debe olvidar jamás que de todos los ingredientes necesarios para desenvolver la conciencia -como la perseverancia, el esfuerzo y la observación- quizás el más importante sea la disciplina. SIN DISCIPLINA, CUALQUIER META, POR SENCILLA QUE SEA, SE VUELVE DIFÍCIL, SINO IMPOSIBLE.

Se puede comenzar a concienciar la disciplina afirmando: “YO SOY LA DISCIPLINA DE DIOS ACTUANDO Y ORDENANDO MI MUNDO”.  

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