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ES TIEMPO DE DIOS

Por Fernando Castro
Santiago de Chile, 10 de mayo de 2021

Introducción

Nosotros los seres humanos, desde nuestros orígenes, como atestigua la historia, nos hemos preguntado por el sentido profundo de nuestra propia existencia. Sin embargo, debemos saber que la respuesta no se encuentra en lo inmediato, sino en un más allá, en algo que trasciende, que remite de un modo u otro a algo divino, infinito; en el fondo, de modo más o menos explícito, a Dios. Pero Dios es infinito, y nuestra razón es finita y limitada, de manera que no podemos comprender totalmente a Dios. Partiendo de esto, entonces, trataremos de comprender a Dios, para que mediante la práctica de esta Presencia podamos vivenciar y llegar a entender algo de Él.

DIOS

Dios es la Ley de la Vida que hace latir los Corazones de todos los seres humanos sobre la Tierra, y es Él quien da la VIDA. Está en nuestro mundo físico, y su Voluntad es que tengamos Felicidad, Éxito y todo logro que nuestro Corazón desea. Es el Poder de la Luz llamado a la acción, que hace latir los Corazones, y es quien produce el éxito para todos si nos mantenemos en armonía.

Dios es el Principio de toda Vida, y cada hijo de Dios es una parte consciente, activa e individualizada de ese Gran Principio Único de VIDA, AMOR Y PODER.

Dios nos ha dado en custodia la Consciencia, que es Omnipresente, Eternamente Elástica, para ser dirigida hacia un punto céntrico donde podamos escribir con la Pluma de Luz, para bendecir nuestra vida y la Tierra. Podemos decir: “Yo Soy la Pluma de Luz que firma la libertad de la Tierra en la Luz de Dios”.

Debemos saber que la consciencia es dirigida por nuestro libre albedrío, que es nuestro derecho de elegir y tomar nuestras propias decisiones, y de cómo queremos llevar nuestra vida, el llevarla negativa o positivamente; temerosa o valientemente, miserable o afortunada; sin Dios o con Dios, que produzca lo bueno y bello en nuestro mundo.

El Deseo de Dios es la Opulencia de Buena Voluntad, que es la Primogénita de cada uno de nosotros, Hijos de Dios, esto significa que somos los primeros de toda Su Creación y, en consecuencia, tenemos autoridad sobre todas las cosas creadas.

TIEMPO DE DIOS

Hoy es tiempo de Dios, porque solo Dios es Grande, y tiene en sus manos la Gracia Eterna, y en tanto permanezcamos firmes y fuertes en Él, nada negativo nos tocará, porque Dios que gobierna el Universo, es el mismo que llevamos dentro como nuestro “Dios Interno”, de modo que, no hay nada que temer. Llegó el momento en que debemos comprender que nuestro “Dios Interno”, que siempre está derramando Su Energía para que la usemos, es Él que creó todos los mundos y es el que trajo toda la Sustancia dentro de la forma. Por lo tanto, debemos grabarnos a fuego, que el propio Dios en nosotros es el mismo Dios que está en el Corazón del Centro del Universo, y es la TOTALIDAD DE LA VIDA. Por eso, deberíamos en todo momento y lugar que nos encontremos, afirmar: “Aquí sólo está Dios en Acción”.

Nuestra habilidad para levantar la mano, y la vida que fluye a través de nuestro sistema nervioso, así como nuestro sistema esquelético y muscular, es Dios en acción dentro de nosotros, deberíamos ser conscientes cuando caminemos por la calle y decirnos audiblemente: “Dios es la Fuerza y la Inteligencia que me hace caminar y saber a dónde voy”.

No debemos culpar a Dios por lo que nos pueda estar sucediendo, en su lugar deberíamos comprender que cada condición con la que nos estamos topando en nuestra vida, es porque la hemos creado, nos acordemos o no, y hoy está retornando a nosotros, de ahí la necesidad que tenemos de ver, conocer y sentir solamente a Dios en acción en cada situación. Deberíamos decir, ante toda situación: “Yo sólo veo, reconozco y siento a Dios en esta situación”, para que la circunstancia, problema o dificultad desaparezca.

Recordemos siempre que: La Vida, el Amor, la Luz y Dios son uno y lo Mismo, porque son sólo diferentes expresiones de la misma Actividad. No hay ninguna actividad en el plano físico que empuje hacia abajo, porque la única Actividad verdadera siempre eleva desde lo físico, a la Presencia Interna. Toda Actividad en lo externo, surge de la Energía dada por la Presencia Interna, y por eso, la prueba permanece delante de nosotros, de que todo es un proceso elevador, y lo que parece ser la Actividad de lo externo, es en realidad el reverso exacto del proceso real; a través de la Presencia Interna que proyecta hacia abajo Su Energía, lo externo es puesto en movimiento como una Actividad en espiral que lo lleva hacia arriba. De modo que no podemos sentirnos bajoneados, aplastados o "chatos" sabiendo que de nuestra Presencia de Dios fluye toda la Actividad para salir a “flote” de toda situación que nos esté ahogando. En consecuencia, el uso de la Práctica de la Presencia “YO SOY” es la más alta actividad que podamos usar en toda situación o cosa, tanto individualmente cómo en la dificultad por la cual la humanidad está pasando.

Este es el tiempo conveniente para comprender y terminar de enterarnos de que somos la Presencia de Dios “YO SOY”, que late en nuestro corazón, y que nuestro corazón es la Voz de Dios, y que en la medida que meditemos en esto le daremos más poder en nuestro mundo. Activemos nuestra Presencia de Dios “YO SOY”, diciendo: “YO SOY la Suprema e Inteligente Actividad de mi Mente y mi Corazón”. Con esta práctica es posible que nos hagamos tan conscientes de la Presencia de Dios, que en cualquier momento podemos ver y sentir Su Radiacion derramándose en nosotros.

Cuando lleguemos a entender y sentir que podemos volver la atención hacia nuestra Presencia de Dios sobre nosotros y, mediante dicho Rayo de Luz y Energía, recibir Su Magna Inteligencia Directriz, Su Ilimitada Provisión de Energía Inagotable, entonces sabremos que podemos cargar nuestro cuerpo con Su Ilimitada Energía, con Su Poderosa Inteligencia Regidora y que nada en este mundo podrá contra nosotros, mientras nuestra atención esté con Dios. De modo que, no debemos jamás olvidar que: “Quien no practica la Presencia de Dios, no es consciente de Él, y al no ser consciente de Dios, no lo ve ni lo siente aunque esté presente”.

APÉNDICE

Como “criterio interno formado”, se denomina el principio según el cual se puede conocer la verdad de las cosas por sí mismo. Es la madurez del discernimiento en la Enseñanza Espiritual, o la capacidad adecuada de determinar si una enseñanza es falsa o verdadera, correcta o incorrecta, que se obtiene en el transcurso del transitar del Sendero, y al cabo de mucho tiempo de haber recibido por primera vez la Enseñanza y haber despejado el espejismo espiritual.

Sin embargo, al hablar de “criterio interno formado”, se supone que este se obtiene una vez alcanzado el grado de discípulo aceptado, mismo que permite llegar a la Primera Iniciación.

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