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LA SANTA ANDARIEGA DE DIOS

Por Fernando Castro
Santiago de Chile, 10 de octubre de 2021

Santa Teresa de Ávila, cuyo nombre antes de convertirse en una carmelita descalza era Teresa de Cepeda Dávila y Ahumada, nació en Gotarrendura, un barrio de la ciudad de Ávila (España), el 28 de marzo de 1515. Hija preclara espiritual del Amado Maestro Saint Germain bajo la advocación de San José. Sus padres fueron Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada, ambos de noble linaje.

De niña fue atraída por los libros de caballería y de las vidas de santos, textos que releía una y otra vez, dándole una gracia y capacidad de escritura sin igual, lo que hasta el presente la convierte en una de las principales figuras de la literatura mística, dotando a sus textos de un exaltado sentido espiritual y vinculación divina por mediación de la vida contemplativa. Unos tres siglos después, el 14 de octubre de 1965, el Papa Pablo VI, la proclama Patrona de la Lengua Castellana, idioma del Séptimo Rayo, donde se refiere a ella como “Luz de España y de toda la Iglesia”.

En su adolescencia se fue de su hogar junto a su hermano Rodrigo, con la intención de convertirse en mártir en tierras musulmanas. Sirvió bajo la radiación del Sexto Rayo Oro Rubí de la Devoción a Dios.

A la edad de 21, en el año 1536, ingresó en la Orden de las Carmelitas de la Encarnación de Ávila. Aquejada de problemas de salud, dejó el convento y regresó junto a su familia.

En el año 1539, sufrió una parálisis de la que logró recuperarse un año después, gracias a San José quien la curó y le salvo la vida, gracia que la llevó a convertirse en devota de él, por el resto de su encarnación física. Retornó a sus quehaceres religiosos con ansias de perfeccionamiento devoto, encontrando finalmente la vocación de su alma.

En el año 1562 reformó la Orden del Carmelo e instituyó las “Carmelitas Descalzas” con voto de renuncia, además creó diversos conventos, entre ellos el de San José, primer convento de carmelitas descalzas, siendo protegida, guiada e inspirada desde los planos internos por San José, Espíritu Envolvente de toda su obra que realizó por el mundo.

Recibió el nombre de “La Santa andariega de Dios”, porque no cedió en fundar y reformar la Orden Carmelita con la idea de potenciar la fe y la austeridad que se había debilitado.

CARMELITAS DESCALZAS

En cuanto a descalzarse, Santa Teresa se da cuenta que en la Encarnación de la Orden del Carmelo, donde toma su hábito dispuesta a seguir las reglas del profeta Elías; de renuncia, servicio, austeridad y exclusivo amor a Dios, ya no se seguían, pues tenían mujeres de servicio, usaban joyas, atuendos y demás lujos propios de la vida mundana, por lo que decide realizar su Gran Reforma y pasar de carmelitas calzadas a descalzadas.

Los pies simbolizan la comprensión, y cuando están calzados es como si nuestro entendimiento no fuera claro, por eso, descalzarse es un acto de respeto, de sumisión interna a Dios para que recordemos la desnudez que, antiguamente, era el símbolo del abandono en Dios.

Santa Teresa enseña el sentido de quitarse el calzado y tocar tierra, como acto de humildad ante el misterio del Creador, o lo que es lo mismo, adorar la Enseñanza, que es el acceso verdadero y el reconocimiento de la grandeza (y amor) de Dios, y de la pequeñez del ser humano que se inclina y se descalza ante Él, que le rinde homenaje de adoración. En palabras simples, los pies calzados no pueden subir a la altura donde se ve la luz de la Enseñanza. De modo que, hay que saber descalzar los pies del alma, para despojarnos de los conceptos errados del mundo, con que nuestra conciencia se revistió y que nos impide ver la Luz de Dios.

ALEGRÍA SANTA

Santa Teresa enseña que no hay que perder la alegría al transitar el Sendero Espiritual, y que este alborozo interno lo debemos buscar en el servicio a los demás, ya que, a diferencia de otros recursos de la vida humana y del mundo, esta no disminuye al darse por entero al servicio, sino que crece con su práctica. Por eso, la santa cantaba, componía villancicos, hacia gracias y entusiasmaba a las demás, diciendo: “Todo esto es menester para hacer la vida llevadera”. De modo que, una de las claves espirituales que daba a sus descalzadas para no amargarse, era el de reírse de sí mismas, de la vida y de su propia forma de hablar. Esto nos recuerda lo que el Maestro Saint Germain sugiere hacer, en el “Sagrado Libro del YO SOY”, antes del medio día para no tomarnos tan en serio, invitándonos a buscar algo divertido de nosotros mismos y reírnos. Recordemos que: UN METAFÍSICO TRISTE NO ES MÁS QUE UN TRISTE METAFÍSICO.

El estado de contentamiento interno y la alegría, son ingredientes claves de la espiritualidad, por eso Santa Teresa decía al respecto: “Necesito personas decididas que me espanten a los melancólicos”. De modo que, el estudiante espiritual en todo debe buscar la cuota de humor, que viene a ser lo que la Metafísica enseña desde el principio, que es buscar el bien oculto a toda situación. En esto, Santa Teresa, dada a profundas enseñanzas, nos dice al respecto:

“Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está DIOS, ES EL CIELO. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con Él, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija”.

LLAVE TONAL

Podemos atraer la presencia de Santa Teresa de Ávila, escuchando su Llave Tonal, que la encontramos en el Adagio del “Fantasía para un gentilhombre” de Joaquín Rodrigo y en “La Maja y el Ruiseñor” de Enrique Granados.

CUERPO INCORRUPTO

Santa Teresa entrega su “corriente de vida” en Alba de Tormes, el 4 de octubre de 1582, a la edad de 66 años, dejando una gran enseñanza para los que deseen hollar el Sendero Espiritual, poniendo el acento en la conducta discipular que todo estudiante de la Enseñanza de la Nueva Era debe considerar. Su cuerpo al desencarnar no se descompuso, y aun sus restos permanecen incorruptos en la capilla de la Anunciación de Alba de Tormes, custodiado bajo nueve llaves. Dice la tradición que hasta que no se junten todas las llaves, no se puede abrir su sepulcro.

Santa Teresa, aun después de desencarnar, sigue trabajando en la Gran Obra de Dios, pues, dejó al morir un trazado bien definido al cual seguir, que deduciendo estas palabras que nos dio, no podemos suponer que “La andariega de Dios” está descansando:

“Todos los que militáis
debajo de esta bandera,
ya no durmáis, no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra”.

Esta es una militancia activa que nos lega la Santa, y que todo metafísico debe tomar o enrolarse dinámicamente para hacer el trabajo de la expansión del Reino de Dios.

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