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LENTO Y SIN PRISA

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 19 de julio de 2020

Si lo deseas, puedes poner en práctica este “Tratamiento Metafísico” para transformarte en una persona que vive en el estado de “Presente y Presencia”, que ha tomado las palabras de la Biblia de “Estad quietos, y conoced que ‘YO SOY’ Dios”, para aprender a vivir en el ahora. Su práctica consiste en leerlo conscientemente e ir, palabra a palabra compenetrándose con lo que ellas dicen, hasta que su ejercicio te sea natural y veas cumplirse en ti aquello que dice: “Todo consiste en estar despierto”. La “Clave Espiritual” de esto radica en saber abrir los ojos a todas esas cosas que te suceden en el presente, en el ahora, no importa que estés en un cuarto, cabaña o departamento llevando la cuarentena, lo importante es que no vivas en un estado de ausencia.

“LENTO Y SIN PRISA”

(Tratamiento Metafísico)

Por la mañana al abrir tus ojos, toma conciencia de tu ser; en ese instante donde no hay ego, nombre ni posición social, cuando te haces al día sin preocupaciones, problemas ni quejas, cuando estas más cerca de ti, antes de identificarte con lo que te dijeron que eras, con el título, el rango, la posición social o lo que tú crees que eres.

Intenta reverenciar al soberano del cielo, no importa si está despejado o nublado, así puedas apoderarte de ese instante, recóndito y vigoroso. Detente sin detenerte, siendo consciente de ello para que la prontitud haga añorar el estar presente.

Camina serenamente entre las hojas lánguidas de los árboles para que puedas reparar en su cobriza calma esperando su noche invernal; sólo eso basta para verlas ataviadas de otoño, coloreando los ciclos interminables de la vida. Si lo haces notarás que los árboles no lamentan su pérdida, y apuntando al cielo, despojados esperan a que Dios los acicale para un nuevo florecimiento.

Esto sucede todo el tiempo, y cada estación tiene lo suyo, aun cuando no lo notas y creas que lo haces, verás que sólo es un ensueño en tu mente, por eso, mientras caminas ve sin prisa para que puedas ubicarte en el ahora.

Mira el cielo, siente la textura por dónde caminas, respira, agradece y siente que estás vivo. Deja que tus oídos atiendan el silencio detrás del mundanal ruido, para que percibas su ancestral voz extendiéndose y saturándote del aliento de vida. Siente con tu piel la vida que te circunda, acaricia y conserva, rebosándote de la vivencia de ser, de estar en el ahora; no la pierdas por ir arropado de distancia, indiferencia y mal modo.

Piensa, siente y habla bonito, agradable y válidamente para que la vida te sienta parte de sí misma y te sume al propósito que desde el principio Dios pensó para su obra. Actúa de forma clara y correcta, no dejes que el día termine sin que lo notes. Comienza a escribir tus días conforme vayas viviendo, esto te ayudará a comprender que lo más preciado que posees, es precisamente el presente, por eso, camina lento y pausado, guardando en tu corazón las instantáneas que tus ojos imprimen en la silenciosa y omnipresente memoria de un segundo.

Detén la prisa que llevas adelantándote siempre a la hora que tus responsabilidades te llamen, esto, las aves del cielo lo saben desde tiempos remotos, por eso comienzan al despuntar el sol su afán, y tienen tiempo para cantar a Dios. Súmate a su canto con la voz de tu corazón y canta a cada respiración dando gracias al Creador.

La totalidad de la vida siempre está dispuesta a tus sentidos, así que, toca, siente, mira, escucha y degusta, para que en la quietud de tu mente la puedas vivenciar a cada paso siendo animado con Ella. Mantén tus pensamientos y sentimientos lo más alto que puedas, sé como el sol que sale para todos sin prisa o haz como los árboles y las flores que siguen su centellante luz con apacible gratitud. En cuanto te sea posible y sin demora detente un momento y di para tus adentros ¡yo, estoy aquí ahora!, porque cuando lo haces, Dios se asoma al mundo.

Piensa en la paz que puedes encontrar en las cosas que notas sin prisa, tal como el sol, la luna y las estrellas lo saben, contémplalas y súmate a su viaje sideral para que sólo eso te baste y sepas vivir sin prisa, pausadamente, acompañado por el sagrado sonido de la creación. No hagas como los que teniendo ojos, oídos, nariz, boca, manos y pies; no ven, no oyen, no huelen, no cantan, no construyen y no avanzan, considera que hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol, porque de nada sirve apurarse, pues, en la prisa yace el olvido, de modo que no te olvides de ti, y si notas abandono, no te preocupes ni desanimes, ve lento y sin prisa que en el andar pausado y sin vehemencia, al Creador puedes encontrar. Considera que cuando Dios dijo: “hágase la Luz, y esta se hizo”, fue para que pudieras contemplarla en el gozo de ser y vivir pausadamente y sin prontitud, pues, de todas las moradas que tiene Dios, hay la mejor de todas ellas, el Ahora.

Ten en cuenta que de todos los seres vivos, somos los únicos impacientes, que no gozamos de la vida, no saludamos al sol, ni agradecemos la brisa; ni tampoco disfrutamos de la lluvia y no agradecemos al Eterno los ojos que nos permiten ver la belleza que nos envuelve, por eso, ve lento y sin prisa, así la eternidad se anide en cada acto que hagas, y verás que la angustia y el temor jamás te alcanzarán, porque así lo dijo el Alto y Sublime: Yo habito en el silencio y la calma, y con el despierto y atento de espíritu, para hacer vivir el espíritu y vivificar el corazón de los que se esfuerzan.

Dios todo lo hizo hermoso; y puso eternidad en todas las cosas, si vas lento y sin prisa, lograrás alcanzarla y, entonces, todo el mundanal ruido cesará y entrarás al eterno ahora, donde morarás bajo la Luz del Altísimo y su Presencia Omnipresente estará acompañándote todos los días de tu vida.

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