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MEJORAR Y TRANSFORMARSE

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 9 de febrero de 2020

ESTUDIO DEL CARÁCTER

El carácter es nuestra manera de responder a las circunstancias. Nuestro carácter determina nuestro comportamiento con las personas, lugares, cosas y situaciones. También decide nuestro comportamiento con todo el mundo que nos rodea, igualmente con nuestra disposición sentimental y nuestro humor predominante. Depende de nuestro temperamento, de nuestro sistema nervioso y de nuestras disposiciones mentales.

La mayoría de las personas, cuando ingresan a la Enseñanza Espiritual, protestan y advierten: “Yo tengo mi carácter y no lo puedo remediar: soy nervioso, soy rencoroso, soy impulsivo, soy esto y lo otro, y no creo que uno pueda cambiar de carácter”. Sin embargo, estas mismas personas son las que le piden a otro, que cambie de comportamiento, si ese otro es malo o si a él no le gusta cómo se comporta. Manda a otro que cambie de carácter, pero a sí mismo no se pide que cambie de actitud o se transforme. Asunto que resulta muy cómodo.

INERCIA

Decir que uno no puede cambiar de carácter es una declaración de inercia; es el reconocimiento de un fracaso. Es no estar claros. La mayoría de las personas que afirman esto, son débiles o agresivas, lo cual viene a resultar lo mismo, debido a que han construido una muralla de protección con el fin de impedir a las situaciones de la vida llegar hasta ellos. En realidad lo que tienen es miedo a las nuevas circunstancias, porque su debilidad no podría soportarlas. Por consiguiente, no disponen más que de una sola actitud rígida y atrofiada.

La mayoría de los miedos y de los conflictos internos, producen un colapso en la evolución humana. El facilitador de Metafisica tropieza a menudo con personas que hubieran podido evolucionar con magnífica lucidez, pero se quedan bloqueadas en algún sitio de sus programaciones y arquetipos. Se trata de seres inertes o “tamásicos” que atraviesan la existencia sin cambiar jamás de carácter. Precisamente porque son inertes. El estudiante espiritual debe ser de otro modo. Todos llevamos en nuestro interior, inmensas posibilidades de lucidez y de juicio, de energía y de acción, pero si permanecemos mentalmente bloqueados no podemos pretender llegar a realizar nada verdaderamente dentro del proceso de transformarnos.

En cambio, el estudiante equilibrado y centrado, está siempre vigilante. A cada problema que le plantea la vida, responde acertadamente, y avanza sin cesar, evolucionando en perfecta sincronización con las circunstancias. Se puede decir que ese estudiante es un noble de la vida. Permanece lúcido y consciente de los acontecimientos. Es dueño de sí mismo. Aunque caiga en numerosos abismos, siempre saldrá a flote, rápidamente, sin que su emotividad le haya perjudicado en lo más mínimo. Asunto que implica practicar y sostenerse siempre en la Enseñanza que recibe.

Es preciso aprender a decir conscientemente, “no” a la inercia, sea como fuere. Observemos a una persona que realiza una labor considerable, corre de aquí para allá, trabaja, ordena, actúa sin cesár. Examinándolo, comprobamos que se trata de un impulsivo o de un agresivo. A pesar de todas sus actividades físicas, ¿puede decirse que ese hombre sea mentalmente activo? En absoluto. Está inerte. No hace nada conscientemente; son sus pulsiones o sus agresividades, las que actúan por él. Desplaza mucho aire, pero no produce más que viento. Lo mismo sucede con ciertos estudiantes que asisten regularmente a las actividades metafísicas, que aparentan trabajar en ellos mismos, cuando en realidad sólo hacen amagos.

Debemos aprender lo siguiente: toda desviación interna, todo complejo, toda represión del subconsciente, son causas de bloqueo y de inercia. Sin embargo, una persona bloqueada o que posee un “carácter imposible”, no admitirá ese mismo carácter en otra persona. Si una persona es incapaz de poner todos los medios para conocerse a sí mismo y corregirse, ¿cómo puede pedirle a otro que lo haga?

LIBERARSE A SÍ MISMO

Es absurdo decir que un “nervioso”, piensa y obra de diferente manera que un “tranquilo”, o que un “pánfilo” habla de distinto modo que un “agresivo”.

Tales banalidades ocultan, sin embargo, una gran verdad. Los estudiantes espirituales dinámicos deberían hacerse diez veces al día la siguiente pregunta: ¿En qué estado físico y moral me encuentro en este momento? A lo que se contestará, por ejemplo: “Estoy cansado”, o: “Estoy nervioso y angustiado, y por consiguiente no puedo pensar más a través de mi estado de nerviosismo y de angustia”. Esto resulta lógico. No debemos olvidar jamás que, si nuestro estado es deficiente, si estamos dormidos o asfixiados, no seremos capaces de realizar íntegramente nuestro trabajo de despertar. Tampoco podremos tener voluntad y conciencia reales. Necesitamos, para alcanzar estas altas cualidades, de la Conciencia Crística, la armonía de nuestra personalidad.

También puede ocurrir que una persona se responda: “Tengo complejos”, aun cuando se sienta incapaz de verlos. Es decir, que actúa y piensa a través de sus complejos. Existe en él un prisma interior que deforma su visión de las cosas. Está roto, destrozado, dividido en varias partes, y tan pronto obra una de las partes como otra. El no actúa jamás entera y libremente; está sucesivamente gobernado por fuerzas internas, cuyo poder y cuya existencia misma ignora por completo.

PRISMA INTERIOR

Casi todos los seres humanos creen hacer algo “voluntaria y libremente”. Sin embargo no hay que olvidar que, “hacer voluntariamente”, significa estar liberado de sí mismo y de sus prismas internos. El “Prisma Interno” con sus múltiples caras, deforma la realidad. La voluntad es una armonía poderosa y no una división o una crispación. No hay libertad posible mientras existan imposiciones internas. Por ejemplo: es evidente que un reprimido sexual, por ejemplo, no será interiormente libre mientras no estén suprimidas las represiones de su subconsciente. Además, transmitirá a sus descendientes dichas represiones y tendremos la eterna historia de la educación frustrada.

El ser humano cree hacer, pero nada hace mientras se encuentra sometido a deficiencias internas, hábitos nocivos y contracciones mentales. Esto sucede a pesar suyo, sin que él sepa ni cómo, ni por qué. En él hay algo que le obliga a obrar y a pensar. Luego no es consciente de sí mismo. Si no es consciente, está dormido; pero como está dormido, ignora que lo está.

BUENA DISPOSICIÓN

No olvidemos que nosotros obramos todo a través de nuestro estado físico, emocional y mental. Si nuestro estado es bueno, nuestras acciones serán buenas, y si nuestro estado es potente, produciremos potentes acciones. Si deseamos modificar nuestros actos y nuestra vida, debemos modificar nuestro estado físico, emocional y mental, depurándolo y reconstruyéndolo. Pero para esta modificación es necesario estar dispuesto a conocerse a sí mismo, sin ocultarse nada y ser extremadamente valiente para reconocer aquellas aristas y deformaciones de nuestro carácter, que debemos cambiar, ya que sin este estado de “Buena disposición” es imposible modificar algo.

LOGRAR NUESTRO COMETIDO

Para lograr nuestro cometido, de transformarnos internamente y exteriorizar el “Santo Ser Crístico”, primeramente debemos dejar de hacer a lo menos tres cosas: 1) Mentirnos, abriéndonos a nosotros mismos. 2) Culpar a los demás por nuestras acciones, y asumir nuestra responsabilidad. 3) Vivir en el olvido de nosotros mismos, preguntándonos cada cierto tiempo en que estado de humor nos encontramos. Esto es porque el “Santo Ser Crístico”, no se consigue mintiéndose, culpándose, ni mucho menos olvidándose de uno mismo, o porque se asista regularmente al grupo espiritual al cual se pertenece, ya que esto es una falsa espiritualidad y lo hace cualquiera con habilidad para mentir.

FACULTADES DIVINAS INACTIVAS

Nosotros tenemos las facultades divinas inactivas, y esto es lo que permite que en nuestro mundo sucedan inarmonías y sufrimientos, por consiguiente, tener el deseo de mejorar y transformar el carácter, es un asunto muy auspicioso cuando de conocernos a nosotros mismo se trata. Por eso, cuando decidimos cambiar o modificar nuestro carácter, la Enseñanza Espiritual nos ayuda mediante el entrenamiento adecuado, primeramente, enseñándonos a pensar claro y con rectitud, ver en todo sólo el bien y actuar de modo humanitario, aun cuando a nuestro alrededor sólo veamos indiferencia y maldad. Estos objetivos del “Santo Ser Crístico”, se pueden obtener mediante la práctica de siete sencillas facultades divinas, comenzando por tener fe, sentido común, ser afectuoso, vivir con disciplina, tener apego a la verdad, ser pacificos y tomar siempre la senda del perdón.

OBSERVAR Y MODIFICAR

El estudiante espiritual que quiera modificar su comportamiento, deberá poner atención a lo que dice cuando justifica determinados comportamientos, como por ejemplo: “Yo soy asi, que le voy a hacer”, “con la edad que tengo, ya no puedo cambiar”, por lo tanto la práctica es asi: OBSERVAR Y MODIFICAR DESPACIO, debido a que los cambios no se pueden producir de la noche a la mañana, pero, si se puede en el intertanto tener fe en el cambio, ya que eso ayudará a ser paciente con nosotros mismos, es como dice el dicho: “Vísteme despacio, que tengo prisa”, teniendo en cuenta que la prisa por modificar nuestra conducta pueden provocar un freno a nuestro deseo de cambio.

NO SEAS COPIA DE NADIE

Todo el mundo tiene su Cristo, y si este no se manifiesta es porque hemos aceptado identificarnos con lo feo y desagradable de la vida, odiando, condenando, siendo amigos de lo ajeno, desagradables con los demás y el mundo, por lo tanto no pretendas ser copia de nadie, sino que desenvuelve el Cristo en ti, que cuando se desarrolla a plenitud, te conviertes en un iluminado, un verdadero Maestro de la Vida; y cuando imitas a otro, andas en oscuridad, sufriendo y carente de toda cosa buena, falto de conocimiento y en desamor.

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