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SAN MARTIN DE TOURS

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile 11 de noviembre de 2019

Cada 11 de noviembre se celebra el Día de la “Orden de los Caballeros”, fecha en que se conmemora la festividad de San Martin de Tours, por lo cual veremos de forma sencilla la vida de San Martín de Tours.

San Martín de Tours nació en Panonia, actualmente Hungría, pero vivió su infancia en Italia, ya que sus padres se fueron a vivir a Italia siendo el muy niño. Su educación fue muy disciplinada, pues era hijo de un veterano del ejército, asunto que lo hizo vestir a los 15 años el uniforme de la guardia imperial romana, en la que sirvió hasta el año 356, en la provincia de la Galia -actual Francia-.

Se le recuerda por su acto compasivo, que protagonizó en el invierno de 337, cuando estando Martín en Amiens, una ciudad al norte de Francia, encuentra cerca de la entrada de la ciudad a una persona en situación de calle, quien padecía por el rigor del frío y a medio vestir, Martín como no llevaba nada más que su uniforme para regalarle, se detuvo lo miró y sacó la espada, dividiendo en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre, pues la otra mitad le pertenecía al ejército romano, en el que prestaba servicio. Durante el recorrido de retorno a su cuartel, le daba vueltas el rostro afligido del pobre, y lamentaba el no tener más para darle. En la noche siguiente y en medio de la tranquilidad del crepúsculo, Jesús se le aparece vestido con la media capa para agradecerle su gesto, quien le dijo: “Martín, hoy tuve frío y me cubriste con tu manto”.

Tan pronto Martín tuvo la celeste visita de Jesús, decidió bautizarse y posteriormente se presentó a su general, que estaba repartiendo regalos a los militares, y le dijo: “Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesús propagando su Santa Enseñanza".

El general viendo la actitud de Martín, y para persuadirle de que no abandone el ejército, le ofreció varios premios y regalos, sin embargo él siguió con su propósito y le dijo: "Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesús, y mis premios serán espirituales".

Luego de esto se fue a Poitiers, ciudad de la Francia central, donde era obispo el gran sabio Hilario, el cual lo aceptó como discípulo y se encargó de instruirlo. Martín a partir del encuentro con Jesús comenzó a sentir un gran deseo de dedicarse al sendero espiritual y a la meditación, que San Hilario le cedió unas tierras en un sitio alejado del ruido y se fue junto a unos amigos que le seguían en su aspiración, y fundó junto a ellos el primer convento o monasterio que hubo en Francia.

En la soledad del retiro espiritual, estuvo diez años dedicado a meditar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Su fama de santo milagroso creció entre los habitantes de los alrededores, quienes consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y milagros. Sorprendidos por sus prodigios le preguntaban a que se dedicaba, antes de ser un monje, y respondía: "fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma".

En una oportunidad, en el año 371, fue invitado a Tours con la excusa de que lo requería una persona aquejada de una grave enfermedad, pero detrás de este pretexto estaba la pretensión del pueblo, que quería elegirlo obispo. Apenas ingresó a la catedral, toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, pues lo veían como el embajador de la compasión del Maestro Jesús. Martín se negaba a aceptarlo por sentirse indigno de ser el encargado de gobernar la diócesis de Tours y mucho menos ordenar sacerdotes, confirmar a los fieles y ser comparado en compasión con Jesús, sin embargo lo obligaron a aceptar.

En Tours fundó otro convento y pronto tenía ochenta mojes consagrados a ser caballeros de la caridad. Los milagros, la forma de dar la enseñanza, y la misericordia de Martín, hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. Se dice que a los primeros que convirtió fue a su madre y a sus hermanos que eran paganos.

En una ocasión, un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: "Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales".

FUNDADOR PARROQUIAL

Martín comenzó a recorrer todo el territorio de su diócesis, dejando en cada pueblo un sacerdote para que instruyera y formara corazones caritativos que sirvieran, bajo la consigna de ver en cada hermano a Cristo, así fue como se convirtió en ser el fundador de las parroquias rurales en Francia.

La gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos, pues él decía que si bien antes montaba un gallardo corcel, vistiendo capa y portando espada, hoy su caballo era su voluntad, su capa la misericordia y su espada la verdad, que hacía libre a su espíritu y lo mantenía en la alegría del servicio.

PROTOCOLO Y CEREMONIAL

Martín se conducía con mucho protocolo y ceremonial, asunto que demostró en una jornada donde fue invitado a un banquete en el cual tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después al emperador, que estaba allí a su lado.

Todos inquirieron su proceder, sin embargo, no se inmutó y explicó el por qué de su conducta diciendo: "Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual". Al emperador y a los demás les agradó aquella explicación y sin hacer problemas, siguieron disfrutando de la presencia del caballero de la caridad.

En los 27 años que fue obispo, se ganó el respeto y amor de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados que veían el amor y enseñanzas de Jesús en él. Sin embargo tenía como detractores a un grupo de personas que vivían sumergidos en los excesos de sus vicios y que lo tenían como una amenaza para ellos, pero el santo de la caridad no los dejaba y les predicaba la enseñanza cada vez que los veía. De entre este grupo de detractores, surgió uno que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le llamaba la atención por su proceder y conducta incorrecta, situación que muchos lo aconsejaban que debía hacer que lo castigaran por sus falsedades, a lo que el santo dijo: "Si Jesús soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a este que me injuria?". ¿Acaso, el Maestro del Amor no enseñó a perdonar? entonces, porque no seguimos su ejemplo de perdonar cuando todo parece ser injusto y está en contra de llevar adelante la consigna de amarnos los unos a los otros”. Luego termina diciendo: “El que injuria y miente tiene solo una salida, buscar la verdad para ser libre, mientras que nosotros tenemos dos, la de amarlo y acogerlo”.

En aquel tiempo tuvo fuertes discusiones con varios oficiales, porque acostumbraban a torturar a los prisioneros para que declararan sus delitos. Martín se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura y les repetía las palabras de Jesús: “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados”. Que es el principio moral por excelencia de los que rigen sus vidas de acuerdo a las enseñanzas del Cristo, y que elimina la contaminación de la desconfianza, el cálculo, el aislamiento y el individualismo como se dan las relaciones hoy en día.

SI EN ALGO PUEDO SER ÚTIL

Martín, al igual que todos los santos, se enteró por revelación interna del día que le iba a llegar la muerte, y comunicó la noticia a sus discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho y le suplicaban llorando: "¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y desamparados?". El santo les respondió con una frase que se ha convertido en una consiga para los servidores mundiales: "Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehúso, ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar". Que es la actitud más bella y dispuesta que todo aquel que quiera servir en el Ejército de Dios y Sus Maestros, y llevarla impresa en oro en su corazón, y como riendas de su proceder hasta el final de sus días.

En el año 397, viendo Dios que Martín ya había trabajado y sufrido bastante, se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio de “Caballero de la Orden de la Caridad Celestial” por sus grandes labores en la tierra.

CAPILLA

El medio manto de San Martín, -el que cortó con la espada para dar al necesitado-, fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia, portadora de la acción precisa de la enseñanza de Jesús, cuando dijo: “Estaba desnudo, y me vestisteis”. Que nos enseña a ser caritativos, y personas de bien, atentas y prestas a compartir todo lo que tenemos con los demás, aún cuando lo que poseamos sea poco, de ese poco es bueno saber compartirlo.

En latín para decir "medio manto" se dice "capilla", las personas en ese tiempo decían: "Vamos a orar donde está la capilla". Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar. De modo que, ve contando lo que tienes para compartir, y si por alguna razón la ocasión de servir te encuentra sólo portando lo necesario para ti, recuerda la acción de San Martin de Tour, y su “medio manto” y sabrás que hacer.

ATRIBUTOS Y PATRONAZGO

Son atributos de San Martín de Tours, la Mitra, báculo y a su lado un pobre; además se le considera patrono de los soldados, tejedores, comercio en general y fabricantes textiles. Es patrón de los siguientes países, Francia, Hungría y numerosas ciudades, como Buenos Aires.

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