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SANTA TERESA DE ÁVILA

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile 13 de octubre de 2019

Santa Teresa de Ávila, cuyo nombre antes de convertirse en una carmelita descalza, era Teresa de Cepeda Dávila y Ahumada, nació en Gotarrendura, un barrio de la ciudad de Ávila (España), el 28 de marzo de 1515. Hija preclara espiritual del Amado Maestro Saint Germain bajo la advocación de San José. Sus padres fueron Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada, ambos de noble linaje.

De niña era atraída por los libros de caballería y de las vidas de santos, libros que releía una y otra vez, dándole una gracia y capacidad de escritura sin igual, hasta el presente es una de las principales figuras de la literatura mística, dotando a sus textos de un exaltado sentido espiritual y vinculación divina por mediación de la vida contemplativa. Unos tres siglos después, el 14 de octubre de 1965, el Papa Pablo VI, la proclama Patrona de la Lengua Castellana, idioma del Séptimo Rayo, donde se refiere a ella como “Luz de España y de toda la Iglesia”.

En su adolescencia se fue de su hogar junto a su hermano Rodrigo con la intención de convertirse en mártir, en tierras musulmanas. En la encarnación sirvió bajo la radiación del Sexto Rayo Oro Rubí de la Devoción a Dios.

A los 21 años, en el año 1536, ingresó en la Orden de las Carmelitas de la Encarnación de Ávila. Aquejada de problemas de salud, dejó el convento y regresó junto a su familia.

En el año 1539 sufrió una parálisis de la que logró recuperarse un año después, gracias a San José quien la curó y le salvo la vida, convirtiéndose en devota de él por el resto de su encarnación física. Retornó a sus quehaceres religiosos con ansias de perfeccionamiento devoto, encontrando finalmente el contacto con la vocación de su alma.

En el año 1562 reformó la Orden del Carmelo, e instituyó las “Carmelitas Descalzas”, con voto de renuncia, además creó diversos conventos, entre ellos el de San José, primer convento de carmelitas descalzas, siendo protegida, guiada e inspirada desde los planos internos por San José, Espíritu Envolvente de toda su obra que realizó por el mundo.

En cuanto a descalzarse, Santa Teresa se da cuenta que en la Encarnación de la Orden del Carmelo, donde toma su hábito, supuesta a seguir las Reglas del Profeta Elías, de renuncia, servicio, austeridad, y exclusivo amor a Dios, no se seguían muchas de estas reglas, ya que tenían mujeres de servicio, usaban joyas, atuendos, y demás lujos propios de la vida mundana, por lo que decide realizar su Gran Reforma, y pasar de carmelitas calzadas a descalzadas.

No olvidemos que los pies simbolizan la comprensión, y que cuando están calzados, es como si nuestro entendimiento no fuera claro, por eso, descalzarse es un acto de respeto, de sumisión interna a Dios, para que recordemos la desnudez que, antiguamente, era el símbolo de un abandono en Dios.

Así, Santa Teresa enseña el sentido de quitarse el calzado y tocar tierra, como acto de humildad ante el misterio del Creador, o lo que es lo mismo, adorar la Enseñanza, que es el acceso verdadero y el reconocimiento de la grandeza (y amor) de Dios, y de la pequeñez del ser humano que se inclina ante Él, que se descalza ante Él, que le rinde homenaje de adoración. En otras palabras, los pies calzados no pueden subir a la altura donde se ve la luz de la Enseñanza. De modo que, hay que saber descalzar los pies del alma, para despojarnos de los conceptos errados del mundo con que nuestra conciencia se revistió, que nos impide ver la Luz de Dios.

GUÍA DE SAN JOSÉ

Veamos algunas palabras sobre lo que Santa Teresa dice de San José, cuando le solicitó su guía en la reforma, y para descalzarse en los siguientes términos: “Y tomé por abogado y Señor, al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso Santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide.

Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido a nadie que le tenga verdadera devoción y le haga particulares servicios, que no lo vea más aprovechado en la virtud; pues ayuda mucho a las almas que a él se encomiendan.

Creo que ya hace algunos años que el día de su fiesta le pido una cosa y siempre la veo cumplida; si la petición va algo torcida, él la endereza para más bien mío.

Quien no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este glorioso Santo por maestro y no errará el camino. No quiera el Señor que haya yo errado atreviéndome a hablar de él; porque aunque publico que soy devota suya, en servirle y en imitarle siempre he fallado. Pues él hizo, como quien es, que yo pudiera levantarme y no estar tullida; y yo, como quien soy, usando mal de esta merced”.

ALEGRÍA SANTA

Santa Teresa enseña algo muy importante, que no hay que perder, al transitar el sendero espiritual, la alegría y esta la debemos de buscar en el servicio a los demás, ya que a diferencia de otros recursos de la vida humana y del mundo, esta no disminuye al darse por entero a servir, sino que crece. Por eso, la Santa cantaba, componía villancicos, hacia gracias y entusiasmaba a las demás, diciendo: “Todo esto es menester para hacer la vida llevadera”. Asi que una de las “Claves Espirituales” que daba a sus descalzadas para no amargarse, era el de reírse de sí mismas, de la vida y de su propio forma de hablar. Esto nos recuerda lo que el Maestro Saint Germain sugiere hacer en el “Sagrado Libro del YO SOY”, antes del medio día, para no tomarnos tan en serio, el de buscar algo de nosotros mismos y reírnos.

El estado de contentamiento interno y la alegría, son ingredientes claves de la espiritualidad, por eso Santa Teresa decía al respecto: “Necesito personas decididas que me espanten los melancólicos”. Por eso, el estudiante espiritual en todo debe buscar la cuota de humor, que viene a ser lo que la Metafísica enseña desde el principio, que es buscar el bien oculto a toda situación. En esto Santa Teresa, dada a profundas enseñanzas, nos dice al respecto: “Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el Rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está DIOS, ES EL CIELO. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con Él, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija”.

CUERPO INCORRUPTO

Santa Teresa entrega su “corriente de vida” en Alba de Tormes, el 4 de octubre de 1582, a la edad de 66 años, dejando una gran enseñanza para los que deseen hollar el Sendero Espiritual, poniendo el acento en la conducta discipular que todo estudiante de la Enseñanza de la Nueva Era debe considerar.

Al desencarnar, Santa Teresa, su cuerpo no se descompuso, y aún sus restos permanecen incorruptos en la capilla de la Anunciación de Alba de Tormes, custodiado bajo nueve llaves y según se puede oír, ya que popularmente, se dice que hasta que no se junten todas las llaves, no se puede abrir el sepulcro de Santa Teresa.

Santa Teresa aun después de desencarnar sigue trabajando en la Gran Obra de Dios, pues dejo al morir un trazado bien definido al cual seguir, por lo que deduciendo de estas palabras que nos dio, no podemos decir que “La andariega de Dios” está descansando:

“Todos los que militáis
Debajo desta bandera
Ya no durmáis, no durmáis,
Pues que no hay paz en la tierra”.

Esta es una militancia activa que nos lega la Santa y que todo metafísico debe tomar o enrolarse dinámicamente para hacer el trabajo de la Expansión de la Luz o Reino de Dios.

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