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SER COMO NIÑOS

 
Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 27 de marzo de 2017

En una oportunidad mientras Jesús facilitaba la Enseñanza Espiritual, sucedió que le trajeron a unos niños para que les diera su bendición, al ver esto los discípulos reprendieron a la multitud, pero Jesús con voz dulce les dijo: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos” y después de haber dicho esto tomo a los niños y les dio su bendición, y se fue de allí.

Por supuesto que detrás de estas palabras Jesús nos quiera decir algo en referencia a queel Reino de los Cielos pertenece a los que son como los niños, así que cabe preguntarse  ¿y cómo es un niño? Un niño es un ser frágil y sencillo, no posee nada, no tiene codicia, no conoce la envidia, sabe de su pequeñez y delicadeza. Asunto de mayor importancia cuando se quiere desenvolver la Conciencia Cristica o el “Dios Interior” en donde vale la sencillez de corazón, la pureza y la humildad.

De modo que, en cuanto a tener ese derecho de permanecer en el Reino de Dios se ha de ser de alma sincera y manteniendo el corazón inmaculado, decorado con la sencillez de los pensamientos correctos, aquellos que solo buscan el bien, no ambicionando honores ni deseando ser considerado y jamás traicionar al que nos  ama. En otras palabras ser como un niño es lo que cuenta para obtener la “Conciencia Cristica”, porque la vida ama y abraza a los que así son; se digna tenerlos y prosperarlos. Por esta razón, Jesús dice: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí”, porque está claro que con ello nos da una gran enseñanza a considerar; de que aquel que vive en conciencia de su “Dios Interior” es manso y digno de ejemplo, por eso Jesús nos dice: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".

En este caso podemos también considerar que el Reino de Dios es alcanzable por medio de la virtud de la humildad y sencillez, pues quien viva con el rostro elevado a Dios y con la cabeza declinada a la tierra, tendrá entonces el galardón de la “Santa Humildad” como premio, premio que se le otorgará en el silencio del alma y en la intima relación con lo divino, sin que ninguna de estas acciones sea visible para hombre alguno, salvo por el grado de darse por entero a los demás, aunque en esto la vida se le fuera.

Por esta razón Jesús nos invita a ser como niños, porque en ellos las virtudes de Dios no están contaminadas, ya que siempre en ellos se puede observar la docilidad y la buena voluntad. De modo que, debemos ser como niños en cuanto a la docilidad e inocencia del alma, pero adultos en Dios. Porque esto no es un llamado a ser infantiles y de comportamiento inmaduro, sino que es una poderosa referencia de cómo hemos de ser para vivir en ese estado de conciencia interno de completa felicidad y perfección, que es cuando logramos crecer como un CRISTO DESPIERTO y dando frutos en la madures de la conciencia en Dios.     

En el despojarse de sí mismo y vivir así constantemente moldeado por la mano invisible del creador, es como podremos alcanzar el Reino de Dios en cuya voluntad se ha de permanecer asido para siempre.
 

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