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SER COMO NIÑOS

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 27 de marzo de 2022

Mientras Jesús caminaba facilitando la Enseñanza Espiritual, le trajeron unos niños para que les concediera su bendición, al ver esto los discípulos reprendieron a la multitud, pero Jesús con voz dulce, les dijo: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos” y después de haber dicho esto tomó a los niños y les dio su bendición, y se fue de allí.

Por supuesto que con esta acción, Jesús nos quiere decir algo en referencia a que el Reino de los Cielos, que pertenece a los que son como los niños, así que cabe preguntarse ¿Y cómo es un niño? Un niño es un ser frágil y sencillo, no posee nada, no tiene codicia, no conoce la envidia, sabe de su pequeñez y delicadeza.

Asunto de mayor importancia cuando se quiere desenvolver la Conciencia Crística en donde vale la sencillez de corazón, la pureza y la humildad. De modo que, en cuanto a tener ese derecho de permanecer en el Reino de Dios, se ha de ser de alma sincera y manteniendo el corazón puro, decorado con pensamientos correctos, claros y soberanos, aquellos que solo buscan el bien, no ambicionando honores ni deseando ser considerado y jamás ir en contra de la Vida. En palabras sencillas, ser como un niño es lo que cuenta para obtener la Conciencia Crística, porque la vida ama y abraza a los que así son; se digna tenerlos y prosperarlos. Por eso, Jesús dice “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí”, está claro que con ello nos da una gran enseñanza a considerar; aquel que vive en conciencia de su “Dios Interior” es manso y digno de ejemplo, por consiguiente, Jesús nos sugiere: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".

En este caso podemos también considerar que el Reino de Dios es alcanzable por medio de la virtud de la humildad, pues, quien viva con el corazón elevado a Dios y la cabeza inclinada a la tierra, tendrá entonces el galardón de la “Santa Humildad” como premio, retribución que se le otorgará en el silencio del alma y en la íntima relación con lo divino, sin que ninguna de estas acciones sea visible para hombre alguno, salvo por el grado de darse por entero a los demás, aunque en esto la vida se le fuera.

Por esta razón, Jesús nos invita a ser como niños, porque en ellos las virtudes de Dios no están contaminadas, y siempre se las puede observar.

Así que es en el despojarse de sí mismo y vivir constantemente moldeado por la mano invisible del creador, como se puede alcanzar el Reino de Dios en cuya voluntad se ha de permanecer asido para siempre. Sin mala intención, escoltado por la bondad, sin oscuridades en el trato, de andar coronado de sentido común, de proceder nutritivo y de trato amoroso, disciplinado en cada detalle de su quehacer, pureza de intenciones, de andar alegre y apegado a la verdad, promoviendo la paz y rico en virtudes, guiado continuamente de la mano misericordiosa de Dios y pronto en el perdón.

De todas formas hay que aclarar que según el sentido espiritual del término, “ser como niño”, no significa no ser consciente del mal o no verlo, sino más bien ser inocente en cuanto a la maldad y saber ver el bien oculto de las cosas, sin dobles intenciones, ya que en un mundo donde prevalece la mala intención, el aprovechamiento y la competencia sin cuartel de unos contra otros, las palabras de Jesús son refrescantes para el alma y una guía de vida para conducirnos sin las arideces de la personalidad.

El principal impulso positivo de las enseñanzas de Jesús, es el amor activo, inteligente y bondadoso y, saber desearle al prójimo todo el bien como si fuera para nosotros mismos. El amor del que habla y nos insta a dar Jesús, no es cualquier afecto, sino amor basado en altos principios, altruismo para el cual debemos de por vida afanarnos en desarrollar.

Finalmente diremos que hay que meditar profundamente en estas palabras de Jesús, que nos insta a ser como niños, ya que ser como ellos no significa ser inmaduro, dependiente e incapaz de valerse por sí mismo, sino que a ser tardo para la ira y la venganza, saber compartir y no guardar rencor, ser feliz a toda hora y procurar siempre enmendar los errores cometidos y saber disfrutar de cada momento que brinda la vida. Podemos decir para adquirir el carácter de la madurez espiritual: “Yo Soy Manso de Espíritu y de alegre vivir”.

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