ESPÍRITU ENVOLVENTE 2020
 
  Meditaciones
  La Gran Invocación
  Decretos
  Yo Soy Positivo
 
Cartas de Shamballa
 
  Cartas 1-10
  Cartas 11-20
  Cartas 21-30
  Cartas 31-40
Cartas 41-50
Cartas 51-60
Cartas 61-70
Cartas 71-79

EL TÉ CON VIOLA


Por: Fernando Castro
Santiago de Chile 25 de mayo de 2020

(Dedicado a mi Maestra Viola Sophia van de Wyngard)

Cada cierto tiempo, la Señora Viola, “la maestra” -como cariñosamente la llamábamos los miembros de la Hermandad Blanca misionaria de Luz-, nos invitaba a tomar el té con ella, momentos que se convertían en una deliciosa oportunidad de aprender cómo proceder adecuadamente a la hora de sentarse a la mesa. Además de aplicarnos y saber estar, también nos instruía con su presencia distinguida, que denotaba clase por su apariencia y su exquisita forma de ser, pues, era elegante, dotada de gracia, nobleza y sencillez. Ella en todo momento y evento, mantenía buena postura, estando sentada o de pie, y jamás se le veía encorvada. Vestía con elegancia y modestia, acompañada siempre de un rostro sonreído, de ojos profundos y luminosos, que fascinaban al mirar. Al comunicarse usaba un lenguaje refinado, demostrando consideración por los demás cada vez que instruía, que era oír a los sabios de épocas pretéritas. 

 El té se servía a las cinco de la tarde en punto, invitación a la que los asistentes invitados llegábamos puntualmente, ya que nadie acometía la imprudencia de llegar tarde a una invitación hecha por la maestra. Al llegar a la escuela siempre me arrobaba una sensación mística, a veces extraña, de estar entrando a esos templos donde vive un sabio, de esos que uno lee en los libros de sucesos de grandes , como la “Autobiografía de un Yogui” de Paramahansa Yogananda, que están llenos de mística y hechos misteriosos que te trasportan a lugares fabulosos como de otro plano.

 Al pasar por el umbral de la casa del barrio residencial de Santiago, en calle  Sazié, donde funcionaba la escuela, toda preocupación y cansancio se disipaban como por arte de magia, era entrar a los ámbitos superiores, pues, una atmosfera particular que olía a sándalo, se veía azulina y se sentía agradable como en ningún otro lugar lo he visto y sentido, salvo en algunas iglesias que hay por ahí. Jamás se oía algún ruido que importunara el silencio monástico de la escuela. Todo el que ingresaba, lo hacía en silencio reverente y en puntillas para no irrumpir el sosiego del lugar. Uno sentía que era un sitio santo, replica física de la Gran Hermandad Blanca de los Maestros de Sabiduría en Santiago de Chile.

A la hora concertada, la maestra descendía por la escala que daba al pasillo con gran elegancia, excepcionalmente bella y sencilla, irradiaba paz a los presentes y al lugar. Su rostro sonreído y de luminosos ojos, que envolvían amorosamente al mirar, provocaba ir a su encuentro para tomar su mano y besarla con reverente admiración. Alta y espigada, siempre bien peinada y con un pañuelo al cuello, sostenido por un distinguido prendedor, que la hacía ver como esas elegantes damas de los dorados años cincuenta.

Saludaba uno a uno a los presentes, con gracia y elegancia de movimientos, como evitando irrumpir el ambiente con su presencia. En silencio, la seguíamos hasta la cocina y comenzábamos a preparar el té, unos disponían la mesa, otros colocaban a hervir el agua, en una tetera de aluminio muy pulida y con sombrerito de lana en la tapa, muy atentos a sus instrucciones de cómo poner la mesa. Los fósforos tenían que quedar en el mismo sitio  en donde se encontraban y la cerilla usada a la basura. El pan se cortaba y tostaba ceremoniosamente.

Tomar el té junto a la maestra era un acto muy sobrio y sencillo, constaba de un delicioso té Ceilán de hoja larga y muy aromática, acompañado con tostadas untadas en miel, que hacían el té delicioso, tal vez el más deleitable del mundo. Siempre, hasta el sol de hoy, trato de imitar con frustrante resultado, el sabor de ese “té con Viola”, y he llegado a la conclusión de que no era el té, ni las tostadas, ni tampoco la miel lo que lo hacía gozoso, sino que era ella, con su dulzura y encanto, quien lo hacía deleitable. La conversación era sobre los asuntos del alma y de aquellos temas esotéricos, que tempranamente amaba y anhelaba saber por sobre todas las cosas de este mundo, los que ella hablaba con soltura y sobrada sabiduría, provocando un gran deleite sobre todo por sus referencias sobre “el discipulado en la Nueva Era”, la “Buena Voluntad Mundial”, las “Rectas Relaciones humanas”, “Iniciación Humana y Solar”, la “Jerarquía Espiritual”, y el “Nuevo Grupo de Servidores Mundiales”, destacándose este último. En cada nueva reunión nos contaba alguna peculiaridad fantástica y personales de los Maestro de Sabiduría, y de cómo se comunicaba con ellos, en especial con el Señor Maitreya, dejándonos a todos absortos y anhelantes de estos Seres de Luz, -considerando que aún no existía internet, no se podían “googlear” para obtener información de ellos-, así que eran tardes imborrables de té, tostadas, miel y Maestros.

La maestra nos consultaba a cada uno sobre nuestra vida, y de cómo aplicábamos la Enseñanza Espiritual que recibíamos en la escuela, dándonos precisas sugerencias en cada caso particular. Siempre que estaba ante su presencia, sentía que sabía más de mí, que yo mismo, y dada su prodigiosa forma de ver con los ojos del alma, la sugerencia que nos regalaba, nos evitaba un largo y penoso trabajo que probablemente no concluiríamos en unas cuantas vidas.
 Ella, con los cuidados de una madre protectora, nos dejaba crecer autónomamente en su amorosa aura, guiándonos siempre a esa vida de la unidad y el desarrollo humano, enseñándonos con vehemencia tanto en palabras como actitud, y aun sus palabras resuenan en mi corazón, cuando nos motivaba a seguir el camino del amor: “Si las almas todas se abrazan con el fuego del Amor del Redentor, de seguro no habría tristezas nunca más en los corazones”. Con los años he podido ver en sus palabras al Señor Maitreya.

La maestra sentada a la mesa y tomando el té, se veía colosal, sin embargo, cuando hablaba y se dirigía a nosotros, era la dulce madre de la enseñanza arcana, esa que mi corazón extraña volver a escuchar salir de sus labios. La maestra decía al respecto: “La Verdad cuando entra en el corazón, trae paz al espíritu”. Uno en ella podía confiar, arrimarse a su presencia y siempre esperar el fruto de su sabiduría, sin defraudar, ni mucho menos abandonarte, tanto es así, que aun cuando ha trascendido de plano, ella jamás deja de estar presente, porque de momento viene cabalgando en dorados recuerdos, que la hacen tan vívidamente presente. En esas tardes de té con Viola, los Maestros de Sabiduría se sentaban a la mesa con nosotros, instruyéndonos en cada palabra que la maestra expresaba, inspirando en nuestros corazones el servicio y la entrega desinteresada por el bienestar espiritual de los demás, manifestando que estábamos aquí para hacernos capaces y convertirnos en dignos colaboradores de Dios. Sin duda, ella movía a los Maestros y los hacia más cercanos a nuestro imberbe entendimiento.  

El té, el pan y la miel consagrados por la maestra, ya no eran el té, el pan y la miel que habíamos preparado, sino que eran asombrosamente transustanciados en el “Cuerpo de la Conciencia Crística”,del que todos los presentes comulgábamos formando un solo cuerpo, y que a cada uno probablemente le sabía diferente, pero que en su esencia llevaba la semilla de la “Unidad en la Diversidad” y el Servicio que ella nos sembraba en lo más profundo del corazón. Por medio de la fe en nuestra maestra y comer junto a ella, era el modo más simple y hermoso de imbuirse en su verdad, en su espíritu y en su ejemplar vida de renunciante y servidora. Tanto es así, que ahora puedo vivenciar los efectos de esas tardes de tomar el té junto a ella, y cómo su enseñanza caló profundo en mi manera de ser y conducirme, pues, me llenó del espíritu de servicio y del deseo de dar la Enseñanza Espiritual por el resto de mi vida, como si ella de forma invisible aun siguiera alentándonos y señalándonos el camino a seguir, a esa realidad Una, la de la“UNIDAD EN LA DIVERSIDAD”.  

Creo y siento que ella en el Cielo está trabajando con su andar suavecito, su palabra dulce y su mirada profunda, organizando trabajos para cada uno de los hermanos blancos aquí en la Tierra, para que podamos continuar con su labor de unir. En una de esas tardes de té, le pregunté, por qué se acostaba tan tarde y de madrugada, y ella contestó: “Mijito, hay tanto que hacer y tanto trabajo por terminar, que no hay tiempo para dormir”.Hoy, a dieciséis años de su transición a los planos superiores, recién comienzo a comprender su respuesta. En verdad fuimos muy afortunados los que crecimos a su lado, bendecidos por su presencia y por su enseñanza, porque sin duda, con nosotros estuvo un Ser de luz, de aquellos que crecen más cuando ya no están, porque cuando están entre nosotros, la luz de su presencia nos encandila tanto, que no somos capaces de ver su real y total dimensión, y sólo cuando ya no están presentes, la distancia nos hace ponderar su extraordinario espíritu.

Los años han pasado y la huella indeleble de la enseñanza de mi maestra aún sigue viva en mi corazón, el que añora esas tardes doradas con ella, donde entre sorbos de té y tostadas con miel, untaba nuestras almas con la motivación de amar y servir a la humanidad. Quiera Dios que la vuelva a ver y seguir trabajando junto a ella, para hacerme capaz y convertirme en digno colaborador de Dios, como ella lo anhelaba.

Dulce Maestra y Amada Viola de mi corazón, madre compasiva de la palabra sabia y del tecito con miel, que Dios te tenga en Su Santo Reino y te colme de las alegrías que tú nos diste, pero multiplicadas mil veces mil. Gracias maestra, por tu desvelada paciencia y por tu servicio de Luz.

Escuela Metafísica de Chile
RETIRO ETÉRICO ABIERTO
 
SERVICIO DE CURACIÓN
Puedes incluir a cualquier persona que esté presentando una apariencia de enfermedad de cualquier tipo, ya sea física, mental o emocional. Haz clic
 
     

 

 

 

 

 

 

 

Escuela Metafísica de Chile - Estado 42 - of. 612 - Santiago Centro - Telefonos: (56 2)716 7413 | Celular: 09 001 4194
grupometafisicodechile@gmail.com